Un tapete cuadrado con una corona de lirios de los valles blancos y hojas verdes, para bordar a punto de cruz siguiendo el dibujo ya estampado en la tela: no hay que contar hilos, basta con cubrir los cuadritos de color. Con solo seis colores el trabajo avanza rápido, aunque la superficie que hay que cubrir es amplia y pide algo de paciencia.
La tela llega ya dobladillada en su tamaño definitivo, así que al terminar el bordado basta un lavado delicado y un planchado por el revés. Un bastidor y una aguja de bordar hacen el trabajo más cómodo; el tapete acabado queda bien sobre una mesa o un aparador y es un bonito regalo de primavera.