El hocico de un carlino visto de cerca, con su collar de cuero naranja y una hierba apenas insinuada bajo las patas: los matices claros del pelo y los brillos de los ojos se consiguen con los cambios de color de los veinte moulinés, ya repartidos en el organizador para localizar cada tono de un vistazo.
Se borda a punto de cruz contado siguiendo el esquema de símbolos, normalmente con dos hebras de mouliné sobre la Aida de 14 count; los bigotes y el contorno de los ojos se perfilan con pespunte. El marco no está incluido: conviene tener también un bastidor y, para el montaje final, un marco con passe-partout, que luce bien en un retrato de este tamaño.