Un arroyo que baja entre las rocas de un valle alpino, con la cascada en el centro, los abetos a los lados y las cumbres aún nevadas al fondo: los 39 colores son los que consiguen los degradados del agua, del cielo y de los verdes del bosque. Los hilos llegan ya clasificados en el organizador, así se encuentra enseguida el número que pide el esquema.
El bordado se trabaja contando los puntos sobre la tela blanca, normalmente con dos hebras de mouliné para el punto de cruz y una para el pespunte. El bastidor y el marco no están incluidos: para una labor de este tamaño va bien un aro grande o un bastidor de mesa. Los muchos cambios de color lo convierten en un proyecto para quien ya tiene algo de práctica y, una vez terminado, queda muy bien enmarcado.