Los erizos de Hannah Dale conservan su aire de acuarela: las salpicaduras de color ya vienen estampadas en la Aida, así que el fondo no se borda y la labor avanza rápido. Casi todo se trabaja a punto de cruz entero, con unos pocos puntos fraccionados, algo de pespunte para los contornos y dos nudos franceses para los detalles.
Los hilos llegan ya clasificados por color en un organizador de cartón, una ayuda muy práctica si es tu primer proyecto grande. Además hacen falta un bastidor o aro de bordado y unas tijeras pequeñas; el marco no está incluido, de modo que el bordado terminado se puede enmarcar a medida, por ejemplo con una passe-partout claro que recuerde el fondo de la tela.