La Klostern es una tela de cuadros muy marcados, con agujeros amplios y bloques bien separados: los puntos se cuentan de un vistazo, incluso con poca luz, por lo que resulta adecuada para quien empieza, para los niños y para quien prefiere bordar sin lupa. Tiene un tacto suave pero con cuerpo, así que aguanta bien cojines, calcetines de Navidad, pequeños tapices de pared y dechados de puntos grandes.
Para cubrir los cuadros hacen falta hilos gruesos: lana de bordar, algodón perlé n.º 3 o 5, o seis hebras de mouliné, con una aguja de punta roma n.º 20 o 22. El bordado avanza deprisa, algo cómodo para los regalos. Deja al menos 5 cm de margen en cada lado para el bastidor y el acabado.